dimarts, 4 de juny de 2013

Sin investigación e innovación no hay futuro



Artículo publicado en el diario ARA el día 4 de junio de 2013

El Gobierno de Mariano Rajoy ha conseguido un récord nunca alcanzado anteriormente. Por un lado, la comunidad científica y universitaria de todo el Estado, en bloque, le ha pedido un cambio de rumbo en las políticas de investigación y de innovación. Lo hizo el 2102 con la "Carta abierta por la ciencia en España", promovida por la Confederación de Sociedades Científicas de España, la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas, la plataforma Investigación Digna, la Federación de Jóvenes Investigadores, CCOO y UGT, y con el apoyo de 52 sociedades científicas y más de 130.000 firmas, entre ellas varios premios Nobel (http://www.investigaciondigna.es/wordpress/firma). Por otro lado, la prestigiosa revista científica internacional "Nature", en una editorial de hace pocas semanas (http://www.nature.com/nmat/journal/v12/n5/full/nmat3644.html), aboga por un cambio de rumbo profundo en las políticas de investigación del Estado y propone detener los recortes en las partidas dedicadas a investigación, innovación y desarrollo tecnológico.

Ambas iniciativas constatan que la investigación y la innovación son factores claves para la competitividad económica y el progreso, y son una herramienta imprescindible para salir de la crisis y por un cambio de modelo productivo.
La propia Ley de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación, aprobada en mayo de 2011 por la casi unanimidad de los miembros del Congreso y del Senado españoles, manifiesta en su Preámbulo que "El modelo productivo español (...) se ha agotado, por lo que es necesario impulsar un cambio a través de la apuesta por la investigación y la innovación como medios para conseguir una economía basada en el conocimiento que permita garantizar un crecimiento más equilibrado, diversificado y sostenible "(https :/ / www.boe.es/buscar/doc.php?id=BOE-A-2011-9617). De acuerdo con la revista "Nature", la investigación científica en España se encuentra en una situación crítica, debido a los recortes producidos desde el año 2010 (aún bajo el gobierno de Rodríguez Zapatero) hasta hoy. La inversión en investigación respecto al PIB caía por primera vez en el año 2011 hasta el 1.33%, muy lejos aún del 2% que ha establecido como objetivo el propio Gobierno español y del 3% del PIB propuesto en la Estrategia Europa 2020 y ya alcanzado por países como Finlandia (3.87%) y Suecia (03.42%). En ese mismo año 2011, el número de investigadores decreció un 3.1% respecto 2010, un hecho que  marca un cambio de signo hacia la fuga de cerebros. Podemos poner ejemplos en los recortes sufridos por los centros de investigación, por las universidades públicas y al mismo tiempo por el incumplimiento de España en la financiación de grandes proyectos e instalaciones europeos (CERN, ESA, ESF). Al mismo tiempo, la gestión de los fondos destinados a la investigación se ha hecho más compleja y al mismo tiempo las convocatorias y sus transferencias se han retrasado varias ocasiones, causando el estupor entre la comunidad científica. Una comunidad que aún ocupa la 9 ª posición mundial en producción científica pero que pronto puede bajar en este y otros rankings internacionales.

Una de las razones esgrimidas por el propio Ministerio para estas reducciones tan significativas es la de que hay que apostar por la excelencia y concentrar esfuerzos. La evidencia empírica nos demuestra, sin embargo, que para alcanzar la excelencia es necesaria una base científica amplia y sólida. Sólo hay que ver las inversiones de los países más desarrollados y analizar la estrecha correlación entre las economías más competitivas y las inversiones públicas y privadas sostenidas en investigación e innovación.

Por qué todo esto es posible?
Cómo puede ser que, a pesar de los discursos y las leyes que apuestan por la investigación y la innovación, y a pesar de todas las evidencias que corroboran la bondad de la inversión pública y privada en ciencia y en innovación, el Gobierno del Estado aplique una política pública tan errática y unos recortes constantes desde 2010? Por qué no concentrar esfuerzos en reformar el sistema científico y universitario para hacerlo aún más fuerte y competitivo, en lugar de simplemente reducir partidas sin más? Por qué no trabajar para que la investigación genere innovación y por tanto riqueza y puestos de trabajo en el tejido empresarial? Sigo pensando, tal como escribí en el año 2009 cuando apenas se intuían los recortes, que el modelo social y económico español no ha internalizado el cambio de paradigma hacia una sociedad basada en el conocimiento. Y esto se refleja en una cultura política poco madura, con acciones aisladas y erráticas, con una conciencia social poco exigente para que la educación, las universidades y la investigación científica sean prioridades colectivas de primer orden y se sitúen lejos de los partidismos del corto plazo y de los vaivenes presupuestarios anuales.

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